Después que entré al liceo ya tuve mas libertad de hacer con mis tardes más cosas. Además de pasear al perro, que se llamaba Bambi, y andar en patineta; me dediqué a visitar la biblioteca. La Biblioteca Pública Jacobo Bentata queda justo en frente de la plaza Pro Patria, a un lado de la iglesia de la Sagrada Familia (de la que hablaré en otra ocasión). La biblioteca no es muy grande, o al menos no lo era entonces. Tenia una sección de referencia, una infantil y una de adultos. La sección infantil estaba a la izquierda de la entrada y las cosas estaban arregladas de manera ascendente. Al principio estantes con libros y juguetes para niños pequeños, después estantes para niños mas grandes y de ultimo estantes con libros para pre-adolescentes. Como mi conocimiento acerca de autores y libros era casi nulo, no sabía que leer.
Los libros de niños eran muy de niños. Historias tontas de hadas y duendes. O libros de dibujos. Y los libros de la sección de adultos, muy complicados. Así que después de varias visitas y haber revisado las enciclopedias (que son lo máximo), estaba como perdido. Un tipo que trabajaba allí, cuyo nombre no recuerdo. Se me acercó y me dirigió al estante de pre adolescentes donde había una colección de libros de Edgar Allan Poe. Sacó un libro y me lo dio. El nombre del libro era: Las Aventuras de Arthur Gordon Pym.
El libro lo devore en una semana. Y volví por más. Así leí las Narraciones Extraordinarias, Crímenes de la Rue Morgue, el Escarabajo de Oro, y ya no pude parar. Con la ayuda del tipo, que después me enteré que estudiaba literatura, empece a leer más y mejores cosas.
Más tarde el novio de una tia, y ahora tio mio, empezó a prestarme libros. Pero no dejé de ir a la biblioteca. Cuando entré a la universidad (USB) quede fascinado de la cantidad de libros que tenía acceso directo (sin tener que pedir libros por cotas ni nada). Mis ultimos dos años de la universidad trabajé en la biblioteca. Y ya en mi postgrado, mi tutora una vez me dijo que yo era el único estudiante que ella conocía que le gustaba ir a la biblioteca sólo para merodear los anaqueles y decubrir cosas (con todos los catalogos on line eso ya no es necesario).
El punto es que me gustan las bibliotecas.
Después de algunos trámites. Acabo de retirar la Séptima edición de Humor y Amor de Aquiles Nazoa. Impresa en 1979 por Librería Piñango en Caracas. El libro todavía tiene la etiqueta del precio atrás P.V.P Bs. 60.00. Conseguí el libro por un acuerdo entre la biblioteca local y la red bibliotecas del estado. Ya puedo escribir Bello II.
Thursday, February 26, 2009
Tuesday, February 10, 2009
Yo estaba (más) loco
Pelo largo. Pero sólamente en la parte de atrás. Corto a los lados y corto arriba. Una chaqueta militar negra una talla más grande de lo que debería ser. Unas botas militares con las que inclusive jugaba futbolito (valientes aquellos que me dejaban jugar). Un carterón tipo “motorizado” de cuero marrón, cruzado desde el hombro izquierdo. Dentro del carterón, una calculadora HP 41cv programable (con notación Polaca Inversa, la única manera de resolver ecuaciones con múltiples operaciones sin necesidad de utilizar paréntesis), dos bolígrafos y un portaminas. No tenía problemas con las materias pero si con algunos profesores. Practicaba Aikido tres veces a la semana, trataba de leer Cortázar, y escuchaba vallenato.
Hace ya unos cuantos años, y pensar que todavía no he podido terminar Rayuela.
Hace ya unos cuantos años, y pensar que todavía no he podido terminar Rayuela.
Thursday, December 11, 2008
No llevo pasajeros
La navidad en mi casa se acababa como el 14 o el 15 de diciembre porque se mudaba con nosotros a casa de mi abuelo.
I
Un día o dos después de que se terminaran las clases, mi mamá reclutaba a mi tía, a mi hermana, y a mi para comprar pasajes. Nos levantábamos bien temprano y antes de que el metro abriera, ya estábamos en la estación. Llegábamos a la Hoyada a eso de las 6:00 de la mañana y caminábamos hasta el terminal. Al llegar nos dividíamos,mi tía en Expresos Los Llanos, mi Hermana en Expresos Occidente, mi mamá en Expresos Mérida, y yo en cualquiera de los demás. De más está decir que ya a esa hora había gente haciendo colas frente a las oficinas que habrían alas 8:30. De a rato a rato, y después de haber ganado suficiente confianza con la otra gente en su cola, mi mamá hacía rondas para verificar que tan cerca estábamos de la taquilla; y para traernos una empanada con un jugo de cuartico. Sólo ella tenía las cédulas y el dinero, así que en realidad era la única que podía comprar pasajes. Si teníamos suerte, después de las 11:00 de la mañana podíamos salir con pasajes para San Antonio del Táchira. Aunque muchas veces tuvimos que regresar al día siguiente y hacerlo todo otra vez, porque no se vendían pasajes con más de dos días de anticipación (lógica del Nuevo Circo).
El día del viaje llegábamos al Terminal del Nuevo Circo como cuatro horas antes de que saliera el bendito autobús. Mi hermana y yo sentados en las maletas esperábamos en el respectivo andén. El smog era tal que sin exagerar, las lagrimas se salían de los ojos por el humo. Después de averiguar el número del autobús que iba a salir a la hora que indicaba nuestro pasaje, mi mamá, mi papá y mi tía trataban de cazarlo. Para entonces los asientos no eran enumerados, así que los puestos dependían de que tan rápido abordaras el dichoso vehículo. Después del zaperoco de la abordada (que muchas veces incluía peinillasos y otras formas de disuasión por parte del orden público), a veces uno se encontraba con la sorpresa de que los boletos fueron "sobrevendidos" (las aerolineas no fueron los que inventaron ese negocio). Entonces se formaba el otro lío, de quien se quedaba y quien se iba. La llegada, abordada, y salida del "expreso" podía tomar hasta seis horas.
Después todo las discusiones se acababan y el autobús arrancaba. Yo, inmutable en la ventana, veía las luces de Caracas. Y cuando el autobús agarraba la subida de Tazón, yo no podía de la felicidad. Quería dormirme para despertarme ya estando más cerca de la casa de mi abuelo. Pero generalmente dormía poco. Ya que el propio viaje por tierra, de al menos doce horas, era ya en sí una aventura. Pero después cuento.
___
Todavía tengo una promesa por cumplir con Romeo y Julieta. El problema se debe a que no he conseguido una copia del Humor y Amor de Aquiles Nazoa (por razones geográficas). Pero yo estoy vivo así que la promesa también lo está.
I
Un día o dos después de que se terminaran las clases, mi mamá reclutaba a mi tía, a mi hermana, y a mi para comprar pasajes. Nos levantábamos bien temprano y antes de que el metro abriera, ya estábamos en la estación. Llegábamos a la Hoyada a eso de las 6:00 de la mañana y caminábamos hasta el terminal. Al llegar nos dividíamos,mi tía en Expresos Los Llanos, mi Hermana en Expresos Occidente, mi mamá en Expresos Mérida, y yo en cualquiera de los demás. De más está decir que ya a esa hora había gente haciendo colas frente a las oficinas que habrían alas 8:30. De a rato a rato, y después de haber ganado suficiente confianza con la otra gente en su cola, mi mamá hacía rondas para verificar que tan cerca estábamos de la taquilla; y para traernos una empanada con un jugo de cuartico. Sólo ella tenía las cédulas y el dinero, así que en realidad era la única que podía comprar pasajes. Si teníamos suerte, después de las 11:00 de la mañana podíamos salir con pasajes para San Antonio del Táchira. Aunque muchas veces tuvimos que regresar al día siguiente y hacerlo todo otra vez, porque no se vendían pasajes con más de dos días de anticipación (lógica del Nuevo Circo).
El día del viaje llegábamos al Terminal del Nuevo Circo como cuatro horas antes de que saliera el bendito autobús. Mi hermana y yo sentados en las maletas esperábamos en el respectivo andén. El smog era tal que sin exagerar, las lagrimas se salían de los ojos por el humo. Después de averiguar el número del autobús que iba a salir a la hora que indicaba nuestro pasaje, mi mamá, mi papá y mi tía trataban de cazarlo. Para entonces los asientos no eran enumerados, así que los puestos dependían de que tan rápido abordaras el dichoso vehículo. Después del zaperoco de la abordada (que muchas veces incluía peinillasos y otras formas de disuasión por parte del orden público), a veces uno se encontraba con la sorpresa de que los boletos fueron "sobrevendidos" (las aerolineas no fueron los que inventaron ese negocio). Entonces se formaba el otro lío, de quien se quedaba y quien se iba. La llegada, abordada, y salida del "expreso" podía tomar hasta seis horas.
Después todo las discusiones se acababan y el autobús arrancaba. Yo, inmutable en la ventana, veía las luces de Caracas. Y cuando el autobús agarraba la subida de Tazón, yo no podía de la felicidad. Quería dormirme para despertarme ya estando más cerca de la casa de mi abuelo. Pero generalmente dormía poco. Ya que el propio viaje por tierra, de al menos doce horas, era ya en sí una aventura. Pero después cuento.
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Todavía tengo una promesa por cumplir con Romeo y Julieta. El problema se debe a que no he conseguido una copia del Humor y Amor de Aquiles Nazoa (por razones geográficas). Pero yo estoy vivo así que la promesa también lo está.
Wednesday, November 12, 2008
Manos arriba, carteleras abajo
De entrada, el grupo de 5C del año 92 no era lo que pudiésemos llamar popular. No eramos buenos ni en fútbol ni en basket (salvo contadas excepciones) y de verdad que tampoco eramos muy atractivos (lo mido por la cantidad que tenía novia). Así que otros salones nos la querían "montar". En especial 4C. La guerra fría había sido declarada tácitamente no recuerdo cuando ni porqué. Por supuesto nunca hubo un altercado de puños y patadas, pero los comentarios y ataques verbales eran comunes en los pasillos y recreos.
Los de 4C eran chamos "cool". Siempre vestidos "nice" y buenos en deporte (al menos mejores que nosotros). También habían revolucionado algo: la forma en que se hacían las carteleras. Algunos de ellos tenían facilidad para componer cosas medio artísticas. Así que sus carteleras sobre fechas patrias y fiestas nacionales no eran comunes. Tenían algo de "pop". Colores agradables, composiciones con dibujos y buenos mensajes. En realidad todos los profesores mencionaban esas carteleras y ellos (los de 4C) estaban muy orgullosos de ellas.
En el carnaval del 92, estábamos un grupo de 5C hablando en la mitad del patio, pero cerca de la escalera que conducía a los salones de diversificado (debo aclarar que gran parte de los recreos, nos parábamos en medio del patio, en círculo, a hablar lo que pudiésemos denominar "pajística"). De repente una bomba de agua se estrelló en el suelo. Volteamos y era un grupo de 4C. Parados en los bebederos se reían y hacían señas de provocación con la cabeza. Nosotros nos quedamos tranquilos. No recuerdo quien lo propuso, pero dijimos que si caía otra bomba de agua, los de 4C ya iban a tener que hacer una nueva cartelera esa semana.
La bomba de agua cayó. Creo que en la pierna de Gato Pedro. Cuatro de nosotros, entre los cuales me encontraba yo, salió corriendo. En menos de 15 segundos estábamos saltando encima de pupitres agarrándonos de los pliegos de papel bond y trayendo la cartelera al suelo. Los pocos de 4C que se encontraban en el salón, no sabían que pasaba. El asalto duró poco. Y nos retiramos a nuestro salón.
A los pocos minutos un grupo de 4C se apersonó para destruir nuestra cartelera. Pero 5C no tiene cartelera. Una columna en la mitad de la pared hace imposible que exista una.
Nadie dijo nada. Ningún profesor nos reclamó. Y creo que los de 4C fueron más cuidadosos metiéndose con nosotros, porque no tuvimos que romperles la cartelera otra vez.
Los de 4C eran chamos "cool". Siempre vestidos "nice" y buenos en deporte (al menos mejores que nosotros). También habían revolucionado algo: la forma en que se hacían las carteleras. Algunos de ellos tenían facilidad para componer cosas medio artísticas. Así que sus carteleras sobre fechas patrias y fiestas nacionales no eran comunes. Tenían algo de "pop". Colores agradables, composiciones con dibujos y buenos mensajes. En realidad todos los profesores mencionaban esas carteleras y ellos (los de 4C) estaban muy orgullosos de ellas.
En el carnaval del 92, estábamos un grupo de 5C hablando en la mitad del patio, pero cerca de la escalera que conducía a los salones de diversificado (debo aclarar que gran parte de los recreos, nos parábamos en medio del patio, en círculo, a hablar lo que pudiésemos denominar "pajística"). De repente una bomba de agua se estrelló en el suelo. Volteamos y era un grupo de 4C. Parados en los bebederos se reían y hacían señas de provocación con la cabeza. Nosotros nos quedamos tranquilos. No recuerdo quien lo propuso, pero dijimos que si caía otra bomba de agua, los de 4C ya iban a tener que hacer una nueva cartelera esa semana.
La bomba de agua cayó. Creo que en la pierna de Gato Pedro. Cuatro de nosotros, entre los cuales me encontraba yo, salió corriendo. En menos de 15 segundos estábamos saltando encima de pupitres agarrándonos de los pliegos de papel bond y trayendo la cartelera al suelo. Los pocos de 4C que se encontraban en el salón, no sabían que pasaba. El asalto duró poco. Y nos retiramos a nuestro salón.
A los pocos minutos un grupo de 4C se apersonó para destruir nuestra cartelera. Pero 5C no tiene cartelera. Una columna en la mitad de la pared hace imposible que exista una.
Nadie dijo nada. Ningún profesor nos reclamó. Y creo que los de 4C fueron más cuidadosos metiéndose con nosotros, porque no tuvimos que romperles la cartelera otra vez.
Tuesday, November 4, 2008
6U (1993)
Lista de los catorce (en orden alfabético)
Buitre
Cabeza e' triangulo
Cabeza e' pila
Chapulin
Chiripa
Curita
Gato Pedro
Mono
Moñoño
Mozadilla
Pelo e' chivo
Supértito
Tiburón
Toripollo
Buitre
Cabeza e' triangulo
Cabeza e' pila
Chapulin
Chiripa
Curita
Gato Pedro
Mono
Moñoño
Mozadilla
Pelo e' chivo
Supértito
Tiburón
Toripollo
Monday, October 20, 2008
Te deseamos a tí
El sábado pasado cumplí años. En mi vida he tenido dos tipos de cumpleaños: aquellos en que estuvo mi mamá y aquellos en que no. La razón es evidente. Mi nacimiento, que es celebrado como "cumpleaños", no fue un logro mío sino de ella (pudiésemos discutir que yo también jugué un papel, pero en realidad creo que ella hizo la mayor parte del trabajo). Así que las celebraciones de cumpleaños de la gente debería tener un lugar donde se diese mérito a la persona que en realidad es responsable de todo (y señores papás discúlpenme pero su participación no es tal como para homenajearlos fuera del día del padre).
Mi primer cumpleaños sin ella fue terrible. Llegué del liceo como alas 2:45 de la tarde y me senté en la mesa del comedor. Mi papá me sirvió una sopa (o lo que el denomina sopa) con un arroz y un pedazo de pollo a la plancha. Sin quitarme el uniforme empecé a comer con mi papá en la mesa. Y lloré mientras me comía la sopa. Mi papá no decía nada. Seguro se sentía como yo o peor. No terminé de comer y lo abracé llorando. No dijo nada, y también lloró. Desde entonces siempre me pasa en mis cumpleaños. Lloro, a solas y en silencio.
Feliz día para tí también.
Mi primer cumpleaños sin ella fue terrible. Llegué del liceo como alas 2:45 de la tarde y me senté en la mesa del comedor. Mi papá me sirvió una sopa (o lo que el denomina sopa) con un arroz y un pedazo de pollo a la plancha. Sin quitarme el uniforme empecé a comer con mi papá en la mesa. Y lloré mientras me comía la sopa. Mi papá no decía nada. Seguro se sentía como yo o peor. No terminé de comer y lo abracé llorando. No dijo nada, y también lloró. Desde entonces siempre me pasa en mis cumpleaños. Lloro, a solas y en silencio.
Feliz día para tí también.
Tuesday, August 19, 2008
Con usted, yo voy a donde me lleve
Mi papá siempre llegaba en la madrugada, como ya dije antes era mesonero. Estando yo bastante pequeño (menos de cinco), el se acercaba a la cama y me despertaba para que orinara en la vasinilla (si no sabes lo que es no te culpo). Eso me ahorraba tener que pasar por todo el trajín de haberme orinado en la cama; pues si, yo me orinaba en la cama aún después de haber dejado los pañales. Ese era el primer contacto del día con el. Luego no lo veía más hasta que yo llegaba del colegio, cuando después de su siesta, se levantaba a bañarse y a tomarse un café para irse otra vez a trabajar. Así que durante los días de semana el contacto que teníamos mi hermana y yo con el no era mucho (el tenía un día libre a la semana, pero eso es otra historia). La verdadera acción era durante los fines de semana.
A pesar de que mi padre tenía que seguir trabajando sábados y domingos, esos días se armaba de una energía que cualquier maratonista envidiaría. Desde la mañana, se cargaba una bicicleta (la de mi hermana), un triciclo (el mio), una pelota, el carrito de turno, una cantimplora roja con agua, a mi mismo en caballito y a mi hermana de la mano. Con toda ese cargamento y confiando en el sistema de transporte público, conocimos casi que todos los parques de Caracas: el Arístides Rojas, El Parque del Este, el Zoológico del Pinar, el parque de Vista Alegre, el Zoológico de Caricuao, y un parque que queda en el medio de Catia (como a cuatro cuadras del mercado) que no recuerdo cómo se llama. En ese mismo parque mi hermana se rompió la frente contra unos tubos y le agarraron unos puntos. ¡El lío que se ganó mi papá aquella vez!
A veces no íbamos para un parque, sino que subíamos a la montaña (Casalta III tenía todavía partes verdes, donde inclusive se podía ver algunos animales silvestres). Allí jugábamos fútbol, recogíamos piedras, descubríamos bichos, y jugábamos a campo abierto. Entre juegos mi papá trataba de explicar todo con la sabiduría que le había dado haberse criado en el campo,una vida entregada al catolicismo y los cuarenta mil oficios que ejerció (desde ayudante en una funeraria hasta soldado, pasando por heladero y barbero). Nos explicaba como todo había estado antes cubierto por agua y que por eso encontrábamos en las montañas rocas similares a la de los ríos. Identificaba los pájaros por el sonido que hacían.Señalaba plantas por su nombre y nos decía para qué tipo de dolencias eran buenas (de todas sólo recuerdo la mata de árnica que tiene una flor amarilla como el girasol y que sirve para los golpes). Nos aconsejaba desconfiar de los amigos como de las aguas mansas. Y entre nuestras brincaderas y pelotas nos dosificaba con gotas de sabiduría.
Envidio esa energía de mi papá. El nunca estaba cansado para jugar con nosotros. A pesar de que por su trabajo lo más seguro era que si estuviera. Mi papá ya tiene mas de 70 años, y todavía tiene esa motivación de andar con sus hijos. La última vez que le pedí que me acompañara a Mérida por carretera me dijo: “con usted, yo voy a donde me lleve”. Y con todo y sus loqueras (que por cierto, yo heredé) y su interminable verborrea (que también parece que me la heredó) la pasamos de lo mejor.
A pesar de que mi padre tenía que seguir trabajando sábados y domingos, esos días se armaba de una energía que cualquier maratonista envidiaría. Desde la mañana, se cargaba una bicicleta (la de mi hermana), un triciclo (el mio), una pelota, el carrito de turno, una cantimplora roja con agua, a mi mismo en caballito y a mi hermana de la mano. Con toda ese cargamento y confiando en el sistema de transporte público, conocimos casi que todos los parques de Caracas: el Arístides Rojas, El Parque del Este, el Zoológico del Pinar, el parque de Vista Alegre, el Zoológico de Caricuao, y un parque que queda en el medio de Catia (como a cuatro cuadras del mercado) que no recuerdo cómo se llama. En ese mismo parque mi hermana se rompió la frente contra unos tubos y le agarraron unos puntos. ¡El lío que se ganó mi papá aquella vez!
A veces no íbamos para un parque, sino que subíamos a la montaña (Casalta III tenía todavía partes verdes, donde inclusive se podía ver algunos animales silvestres). Allí jugábamos fútbol, recogíamos piedras, descubríamos bichos, y jugábamos a campo abierto. Entre juegos mi papá trataba de explicar todo con la sabiduría que le había dado haberse criado en el campo,una vida entregada al catolicismo y los cuarenta mil oficios que ejerció (desde ayudante en una funeraria hasta soldado, pasando por heladero y barbero). Nos explicaba como todo había estado antes cubierto por agua y que por eso encontrábamos en las montañas rocas similares a la de los ríos. Identificaba los pájaros por el sonido que hacían.Señalaba plantas por su nombre y nos decía para qué tipo de dolencias eran buenas (de todas sólo recuerdo la mata de árnica que tiene una flor amarilla como el girasol y que sirve para los golpes). Nos aconsejaba desconfiar de los amigos como de las aguas mansas. Y entre nuestras brincaderas y pelotas nos dosificaba con gotas de sabiduría.
Envidio esa energía de mi papá. El nunca estaba cansado para jugar con nosotros. A pesar de que por su trabajo lo más seguro era que si estuviera. Mi papá ya tiene mas de 70 años, y todavía tiene esa motivación de andar con sus hijos. La última vez que le pedí que me acompañara a Mérida por carretera me dijo: “con usted, yo voy a donde me lleve”. Y con todo y sus loqueras (que por cierto, yo heredé) y su interminable verborrea (que también parece que me la heredó) la pasamos de lo mejor.
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