Saturday, June 13, 2009

Bello y van dos

Ale casi me mata durante un ensayo. Ella hacia de Julieta y yo de Romeo (más por que la obra de teatro era una comedia que por mis dotes de galán). Estabamos ensayando una escena del final donde ella (Julieta) se mataba con un cuchillo. El cuchillo lo habia traído yo de mi casa y era como de 30 centimetros. Yo estaba acostado en el piso fingiendo mi muerte, mientras Julieta se suicidaba. Ale dejó caer el cuchillo y el filo me cortó a un lado de la frente. Yo me llevé las manos a la cara y empecé a hacer una alharaca y Ale se fue llorando por que creyó que la cosa era en serio. Después, se le pasó.

Romeo y Julieta fue la obra que montamos para la clase de Bello. No estoy seguro si el papel de "Ama" lo hacia Osmary o Yadira. Lo que si es cierto es que el papel de padrino y Monje lo tenia Acosta. Osmary usaba un traje pasado de moda y Acosta utiliza un flux marron del año de la cuaresma, perfecto para quemar un Judas en el.Todo era basado en la obra de Aquiles Nazoa: "Los Amantes de Verona o el Final de una Encerrona". Tambien recuerdo a Rocio, pero se me escapa su papel. Al principio de la obra un piano de juguete abría con la música mientras alguien introducía la obra:

Principia nuestra opereta
con la fiesta o comilona
que en su mansión de Verona
dan los padres de Julieta.

Toda mimos y cuidados,
y ama de casa perfecta,
la madre de la interfecta
les sirve a sus invitados


Yo vestía un chaleco verde de pana (la tela), un gorro de panadero blanco con una pluma de pavorreal que me traje de un adorno de la casa. Me parecia al Romeo de Cantinflas (guardando las distancias, por supuesto). Me había hecho una vaina (la de las espadas) que me la escondía en la espalda y a la hora de sacar el cuchillo lo hacía como Cocodrilo Dundee. Ale utilizaba un vestido que parecia un disfraz de princesa y en verdad parecía una. Todo ocurría en un mismo escenario y los únicos cambios de utilería se daban en la escena del balcón. Donde colocábamos un pupitre encima del escritorio y allí se montaba Julieta y decía:

Amor mio, aqui estoy yo;
tiende pues, tu leve escala
y pasa para la sala
que el viejo ya se acostó.

Móntate por esa mata,
pero agarrate querido
miro que yo me suicido
si te quiebras una pata


Romeo a su vez se encaramaba encima de un pupitre y replicaba:

Pues alla voy, vive Dios;
pero antes sabedlo amada,
si me doy una matada
la culpa sera de vos!


Yo hacía la escaramuza que me caía (eso de hacer el ridículo a veces se me dá muy bien). Y después entraba al cuarto de Julieta.

(Continuará)

Monday, May 4, 2009

Las mejores hallacas las hacen mis mamás

A pesar de que no creo que existe un poder que ande por allí canalizando indulgencias por medio de la gente, le tengo un gran respeto al acto de pedir la bendición. Es un intercambio de palabras que denota un cariño y afecto que usualmente sólo tiene lugar en lazos cercanos de consanguinidad. He sido afortunado por haberme ganado (casi que sin merecerlo) este privilegio por dos personas que han venido a sobrellevar el vacío de no poderle pedir la bendición a aquella que me parió (por que la palabra correcta es parir).

Cómo saber si alguien te ha dado ese privilegio? Mi formula es fácil, pero primero la historia.

La Señora Bony


En Julio 2004 viajé para realizar unos papeleos en Caracas. Iba a empezar (o mejor dicho continuar) la universidad y pasé un mes en los trámites. Entre otras cosas, visité a mi papá en Casalta y me quedé unos días con el. Antes de hacerlo lo llamé y por casualidad estaba con la señora Bony. La Señora Bony es una morena imponente con una voz de mando que asustaría a cualquier general, una chispa que ya muchas mujeres quisieran tener y un candor sin igual. Además es la mamá de mi mejor amigo de primaria y gran parte de la secundaria que por cosas del destino no nos hemos mantenido en contacto, pero que lo considero mi hermano. Al hablar con ella por teléfono me dijo: "mira mi amor, y que quieres comer?" Sin vacilar le contesté: hallacas! Ella contestó: "pero vienes muérgano".
El próximo viernes estaba en su casa comiéndome la tercera hallaca con una cerveza y esperando una bolsa con 8 más que me regaló para llevar. Ella misma había hecho todo, en pleno Julio para que yo pudiera comer hallacas cinco meses antes de navidad. Su risa, la música, y las hallacas me adelantaron ese diciembre.

La Señora María

En abril del 2008 viajé nuevamente. Esta vez para realizar algo relacionado con mis estudios (si después de cuatro años seguía estudiando). En una ocasión hablando con la mamá de mi compadre (quien es mi mejor amigo de la secundaria y universidad, el otro hermano que tengo que en su momento despotricaré de el), la Señora María me preguntó: "Y mijo, qué le gustaría comer". La señora María es una mujer de pelo oscuro, con sangre de las islas, y con un corazón que es común en la mayoría de madres: quiere demasiado. Y además con una sazón, que hasta grama seca debe ser sabrosa cocinada por ella. Así que sin titubeo dije: hallacas! La Señora María simplemente me dijo: "Voy a comprar todo lo que necesito y vienes en la semana y te las comes".
En la semana estaba allí. La Señora María sentada en la pequeña mesa de la cocina viéndome comer hallacas con esos ojos de mamá, preguntándome si quería más y ofreciéndome además postre (que el que no haya probado sus postres en realidad no sabe mucho acerca de dulces).

Así que la regla es sencilla. Toda aquella persona que te prepare una hallaca fuera de temporada te ha dado además el privilegio de poder pedirle la bendición.

Y como ya dije antes, las mejores hallacas las hacen mis mamás. Bendición

Wednesday, April 1, 2009

Betadermo

En la casa había un Betamax. Era un Sony SL8200. Un aparato que pesaba como seis kilos y que cuando se prendía le sonaba un motor como a un Volkswagen. El vendedor vino a la casa y lo instaló, lo conectó a nuestro televisor Zenith de 13 pulgadas. El tipo nos inició a la piratería: con la compra del Betamax, recibimos una copia de Bambi y del Zorro y el Sabueso. Para poder meter el cassette (no se si se llama de otra forma), uno presionaba el botón Eject. Luego de un incesante "mecaneo", el perol expulsaba un receptáculo en el tope, con una fuerza que espantaba. Allí uno colocaba la cinta y después lo cerraba. Entonces, se podía escuchar como la máquina "cargaba" la cinta. Le tomaba como 20 segundos en hacerlo. Después de todo esto, ya se podía ver la película. El Betamax fue una revolución en la casa (sin boinas ni colores específicos). Pero como en toda revolución hubo sacrificios: el elefante de cerámica preferido de mi mamá.

En la casa (como en muchas casas todavía), había "pañitos" tejidos y cerámicas de todo tipo. Esos dos eran como el Ying y el Yang. No podía haber cerámica sin su respectivo pañito y viceversa. La bailarina de la mesa de centro con el pañito de flores amarillas. El jarrón del ceibot (no me van a creer pero busqué esa palabra en internet y las únicas fuentes son venezolanas) con su pañito blanco de aros. El cofrecito de guardar botones con el paño rosado de cuadritos. Y así por toda la casa.

Resulta que el pobre elefante terminó encima del Betamax, con un pañito de tréboles blancos. Duró solamente una película. El que escribe presionó Eject, sin quitar el paquidermo primero. El Betamax abrió su compuerta y lanzó al aire al elefante y al pañito. Yo vi todo como en cámara lenta, y hasta pude observar la parábola que describía el estático animal blanco al caer.

Me gané otro regaño. Pero ya no hubo mas figuras sobre el Betamax. Y desde entonces, el pañito encima de ese perol fue el único sin su respectiva cerámica.

Wednesday, March 18, 2009

Amarillo, azul y rojo

El libro de sociales de séptimo año era azul. No era un libro de alguna editorial conocida. Era impreso por el propio liceo. Y uno lo compraba donde Yepez (que espero esté bien donde esté). El que daba la clase era un profesor que parecía maracucho. Era moreno, cara redonda, gordito y con pelo liso. Su apellido era Marín. Nunca supe su nombre.

Era una clase rara. Todo lo que nos habían dicho acerca del descubrimiento de América y toda esa historia, resultó ser falso. Los españoles no descubrieron a nadie. Nosotros estábamos acá y ellos llegaron (mucho después fue que pensé que lo mismo se pudiera decir de las ruinas de Cuetzalan). Se nos contó de como se aprovecharon de los indígenas, y nos trajeron toda clase de enfermedades.

El profesor Marín se restregaba la cara para no dormirse y sudaba bajo el calor de las 11:37 de la mañana discutiendo sobre los días de la independencia, develando las mentiras histórico-piadosas que nos habían hecho aprender durante los años de primaria.

Algo que siempre recordaré sera la explicación acerca del verdadero significado de los colores de la bandera. Resulta que Francisco de Miranda trajo la bandera al país como estandarte de guerra. Antes de eso el propio Generalísimo le pidió dinero a una alta personalidad de la monarquía europea (las malas lenguas dicen que había algo entre ellos). La mujer en cuestión le dió el dinero al General para su aventura y entre otras cosas le preguntó como iba a ser su estandarte. Francisco de Miranda respondió que iba a ser amarillo como su pelo, azul como sus ojos y rojo como sus labios. En séptimo año Marín nos enseñó que la bandera no era otra cosa que el resultado de una cursilería entre amantes.

Ahora me gusta la historia. Resulta interesante descubrir que Bolívar entregó a Miranda a los españoles por traición. Y que en realidad el libertador nunca inició una campaña dentro del país, sino desde Nueva Granada (lo que ahora llamamos Colombia). Ojalá que nunca falten los libros azules y los Marin para que nos ayuden a diferenciar cuentos de camino e historia.

Monday, March 9, 2009

Sólo hay una

Y se fue un día como hoy hace 18 años, era sábado, después del mediodía.

Thursday, February 26, 2009

Viva la Jacobo Bentata!

Después que entré al liceo ya tuve mas libertad de hacer con mis tardes más cosas. Además de pasear al perro, que se llamaba Bambi, y andar en patineta; me dediqué a visitar la biblioteca. La Biblioteca Pública Jacobo Bentata queda justo en frente de la plaza Pro Patria, a un lado de la iglesia de la Sagrada Familia (de la que hablaré en otra ocasión). La biblioteca no es muy grande, o al menos no lo era entonces. Tenia una sección de referencia, una infantil y una de adultos. La sección infantil estaba a la izquierda de la entrada y las cosas estaban arregladas de manera ascendente. Al principio estantes con libros y juguetes para niños pequeños, después estantes para niños mas grandes y de ultimo estantes con libros para pre-adolescentes. Como mi conocimiento acerca de autores y libros era casi nulo, no sabía que leer.

Los libros de niños eran muy de niños. Historias tontas de hadas y duendes. O libros de dibujos. Y los libros de la sección de adultos, muy complicados. Así que después de varias visitas y haber revisado las enciclopedias (que son lo máximo), estaba como perdido. Un tipo que trabajaba allí, cuyo nombre no recuerdo. Se me acercó y me dirigió al estante de pre adolescentes donde había una colección de libros de Edgar Allan Poe. Sacó un libro y me lo dio. El nombre del libro era: Las Aventuras de Arthur Gordon Pym.

El libro lo devore en una semana. Y volví por más. Así leí las Narraciones Extraordinarias, Crímenes de la Rue Morgue, el Escarabajo de Oro, y ya no pude parar. Con la ayuda del tipo, que después me enteré que estudiaba literatura, empece a leer más y mejores cosas.

Más tarde el novio de una tia, y ahora tio mio, empezó a prestarme libros. Pero no dejé de ir a la biblioteca. Cuando entré a la universidad (USB) quede fascinado de la cantidad de libros que tenía acceso directo (sin tener que pedir libros por cotas ni nada). Mis ultimos dos años de la universidad trabajé en la biblioteca. Y ya en mi postgrado, mi tutora una vez me dijo que yo era el único estudiante que ella conocía que le gustaba ir a la biblioteca sólo para merodear los anaqueles y decubrir cosas (con todos los catalogos on line eso ya no es necesario).


El punto es que me gustan las bibliotecas.

Después de algunos trámites. Acabo de retirar la Séptima edición de Humor y Amor de Aquiles Nazoa. Impresa en 1979 por Librería Piñango en Caracas. El libro todavía tiene la etiqueta del precio atrás P.V.P Bs. 60.00. Conseguí el libro por un acuerdo entre la biblioteca local y la red bibliotecas del estado. Ya puedo escribir Bello II.

Tuesday, February 10, 2009

Yo estaba (más) loco

Pelo largo. Pero sólamente en la parte de atrás. Corto a los lados y corto arriba. Una chaqueta militar negra una talla más grande de lo que debería ser. Unas botas militares con las que inclusive jugaba futbolito (valientes aquellos que me dejaban jugar). Un carterón tipo “motorizado” de cuero marrón, cruzado desde el hombro izquierdo. Dentro del carterón, una calculadora HP 41cv programable (con notación Polaca Inversa, la única manera de resolver ecuaciones con múltiples operaciones sin necesidad de utilizar paréntesis), dos bolígrafos y un portaminas. No tenía problemas con las materias pero si con algunos profesores. Practicaba Aikido tres veces a la semana, trataba de leer Cortázar, y escuchaba vallenato.

Hace ya unos cuantos años, y pensar que todavía no he podido terminar Rayuela.