Wednesday, September 26, 2012

El fín

Este era una vez el fín de un libro. La última página que no tiene nada, sólo espacio en blanco y la palabra FIN en mayúsculas. El FIN estaba aburrido. Estaba cansado que la gente lo viera y simplemente cerrara el libro. Es más, mucha gente ni siquiera llegaba a esa página. Algunos abandonaban el libro mucho antes o al mismo instante que la historia terminaba, y nunca llegaban a leer el FIN. FIN se cansó y empezó a jugar con los lectores. Trató de moverse a la segunda página para sorprender incautos. Después se movía a donde quiera había terminado de leer el que poseía el libro en aquel momento. Otras veces sólo se movía a donde le entraran las ganas. Y con toda esa movedera hizo que el libro cada vez fuera más interesante. La gente escribía críticas del libro, y nadie paracía haber leído el mismo libro. Para cada quien el libro se trataba de algo distinto. Los críticos siguieron discutiendo y estudiando el libro, hasta que llegaron a la conclusión que era el mejor libro que se había escrito. El FIN se sintió complacido. Y simplemente se quedó al final, pues ya ese era el fín.

Sunday, February 26, 2012

Caracas Tour 2012

Con eso de tener varias mamás, uno también se vuelve hermano de un poco de gente. Ahora, en Marzo se casa uno de mis hermanos y con la excusa del matrimonio voy a estar en Caracas una semana (la tercera de Marzo).
Si tienes tiempo escribe, y nos vemos por allí (se aceptan invitaciones a tomar Soleras).

Sunday, February 5, 2012

El Dinero

El dinero en la casa estaba en la mesa de noche de mi papá. Allí encima. Dentro de una bolsa de las que los bancos usaban antes para dar las monedas. En una de esas bolsas, mi papá ponía el dinero que ganaba diariamente. Sin contar lo que metía en la bolsa ni tampoco lo que ya había antes. Esos billetes y monedas eran - como debería ser todas las cosas en esta vida - simplemente de la persona que lo necesitara. Mi mamá sacaba dinero para compras. Mi hermana y yo sacábamos dinero para comprar papel lustrillo, pega, cartulina, o cualquier cosa que necesitáramos en la escuela. Y eventualmente mi papá sacaba dinero para guardar en el banco (Finalven). No había tarjetas de débito o crédito, nada de cheques (siempre me costó entender lo de un papel donde uno ponía el monto que quería y ya), sólo efectivo.
Cada día mi mamá sacaba cuatro bolívares y nos daba dos a cada uno para comprar un refresco en la merienda. Con ese dinero, nosotros ahorrábamos y comprábamos lo que queríamos. Así que mi idea acerca del dinero era más bien utilitaria. Algo que era necesario y que se debía trabajar por ello, pero no ese objeto de culto que es para algunos.
El problema es que todavía pienso así.

Saturday, January 7, 2012

La vasenilla

En el tiempo de los abuelos (al menos de los míos), los baños no se encontraban dentro de las casas. Las casas se diseñaban de tal forma que el lugar para tomar una ducha o hacer "del cuerpo", estaba en el patio; lejos de la casa. Así que durante las noches, la gente no salía a agarrar sereno (otro día explico qué es eso) para ir al baño sino que usaba su vasenilla.
La vasenilla es un artefacto que hoy en día lo usan sólo los niños que están aprendiendo a hacer sus necesidades. Se trata de una "ponchera" que varia de tamaño (dependiendo del tamaño del dueño) y que usualmente era de "peltre" (metal recubierto con una capa de pintura con una contextura de cerámica).
En mi casa, que era un apartamento y el baño estaba bastante cerca de las habitaciones, cada quien tenía su vasenilla. Era algo así como una tradición (que violaba muchas reglas higiénicas). Todas las vasenillas eran azules y de plástico (Manaplás).
Uno se paraba a medianoche, semidormido y buscaba la vasenilla para orinar. Acto que se realizaba en completa obscuridad y muchas veces sin ni siquiera abrir los ojos. La mañana siguiente la vaciaba en el inodoro y la limpiaba.
Por supuesto, que tener un artefacto para colectar desechos cerca de la cama no es muy recomendable; especialmente si el usuario es un niño.
Para no entrar en detalles, hay tradiciones que son mejores dejar en el pasado. Y sólo usarlas como ejemplo de que no todo tiempo pasado fue mejor.

Wednesday, August 31, 2011

Vuélvasele a montar

Luis Francisco, el que trabajó en la tabaquera como celador y compró hasta 4 casas con sueldo de obrero. Ese que solamente terminó primer grado y tenia la mejor letra cursiva que he visto. El que contaba que se iba al monte con una maleta llena de espejos y peines y vendía hasta la maleta para hacer dinero. Ese señor que sobrevivió dos derrames cerebrales y que no quería que le botaran nada. Mi abuelo que todo lo arreglaba con un mecate y un par de clavos y que tiraba acometidas eléctricas sin saber a ciencia cierta lo que hacia. Don Francisco, que regaba las matas todos los días a las cinco de la tarde después de tomarse el café con leche del "puntal"; justo después de la siesta. El papá de mi mamá, que tuvo que sufrir su pérdida con todos nosotros. Ese señor que se casó dos veces y tuvo 11 hijos, criando tres más. Y que cuando se tomó su último retrato pidió que le pusieran corbata, aunque tenía una chemise.
Luis Francisco, sólo recuerdo una de tus frases "mijo, si la burra lo tumba, vuélvasele a montar".

Thursday, August 25, 2011

Compulados

Los loros de la tía Oliva veían televisión toda la tarde. Ella ponía a cada uno (por que eran dos) en una silla en frente del aparato, para que aprendieran palabras. Pero lo único que yo les escuchaba decir era "eres tú el tesoooorooo de mamaaaaá". Lo cual resulta curioso, porque nunca escuché esa canción en la televisión.
Los loros también repetían lo que escuchaban por la reja: ¡Un helado de Coco, Señora Oliva! Porque mi tía vendía helados. Y los de Coco y Limón eran su especialidad. Así que todo el mundo en Turmero conocía sus refrescantes helados.
Ella, y mi tío Ramón eran los heladeros oficiales de la cuadra. Y ciertamente se merecían respeto, por que nunca he visto en otro lugar que vendan helados de mamón (si tienes idea de la fruta a la que me refiero -Melicocca bijuga- sabes que es casi imposible hacer jugo de esa semilla). Pero los tíos eran millonarios en paciencia, y podían hacer helados de casi cualquier cosa.
Mi hermana y yo queríamos una computadora. Ya estábamos cansados de usar Tipex (el de papelito o el de brochita) en la máquina de escribir para enmendar reportes de laboratorio o cualquier otro trabajo. Por esos días, la 486 era el top de la línea. Pero nuestro papá no podía pagar algo como eso (incluyendo el monitor VGA y la impresora EPSON LX810). Así que la tía Oliva, con sus helados y sus loros nos ayudó.
No recuerdo cuanto nos dió, pero fue suficiente para la computadora. Así que desde entonces, cualquier computadora me sabe como a Coco (o si la cosa esta muy peluda, a mamón).

Wednesday, June 1, 2011

Viejito

Cenando con mi hijo le pregunté que si cuando yo estuviera viejito y feo el me iba a querer. Me respondió que si, y después me preguntó que si cuando él fuera viejito y feo yo lo iba a querer.
Yo sonreí y sólo le dije: por supuesto.