Thursday, March 11, 2021

"Paaaaakaaa"

El bigote de Serapio era tan marcado como su acento gallego. En realidad no sé cuando empezó a enseñar en el Jesús Obrero, o al final de cuentas cuando dejó de hacerlo. Pero me resulta difícil pensar en mi liceo sin que su nombre aparezca como protagonista. Era testarudo en su pedagogía. Cada año buscaba al estudiante que tomaba las mejores notas y así usaba su cuaderno como guía para el año siguiente (en mi año, 1991, el cuaderno de Franklin Gutierrez fué el elejido). Serapio enseñaba electrónica. Empezaba con las cargas positivas y negativas. Donde la distribución de esos paquetes de electrones (o protones) te hacía usar notación polar or rectangular. Continuaba después con la ley de Ohm, y seguía con Norton y Kirchoff. Y si no aprendías como pasar de triángulo a estrella al calcular un circuito, seguro que ese examen no lo ibas a pasar. Después era el turno de la corriente alterna, y sin saber cómo, comenzabas a usar números imaginarios para poder incluir condensadores y bobinas en los circuitos. De allí tenías que rectificar factores de potencia, y ya todo se volvía una mezcla de números, ángulos, y  la raíz cuadrada de la unidad negativa. Pero Serapio fué más que el facilitador de todo ese conocimiento. Exactamente treinta años atras, mi madre murió sin previo aviso (que problema que toda la gente buena se muera en Marzo). Y aún recuerdo a Serapio callado, sentado en el funeral. No me decía nada. Y allí con todo su conocimiento y su silencio supo apoyarme en ese rato. El no me trató distinto, supongo que lo hizo por respeto. Pero cada tanto me preguntaba por mi papá y mi hermana. Es que eso de ser un buen maestro y mejor persona se le daba bien a ese gallego bigotudo. Es una pena que nunca se lo pude decir. 

Yo enseño ahora. Y pensándolo bien algo de ese Serapio se me pega a veces en las clases. Y en muchas ocasiones quisiera gritarles "Bobiiiitooos", para que se despierten. Y así sepan que si no hacen lo que deben, lo más seguro es que cuando prendan todo, su sistema será un sólo "Paaaaakaaa". 

Monday, February 15, 2021

El Menú

 No sabía para qué servía el horno de la cocina. Mi mamá no lo usaba. La puerta sólo se abría para guardar ollas y para sacarlas. De pequeño me parecía bastante práctico tener todas las cacerolas a la mano. Aunque a veces mi mamá horneaba plátanos que servía con queso y tenía que sacar todas las ollas. Y todos los peroles quedaban esparcidos en el suelo de la cocina. Pero mi mamá no horneaba tortas, galletas, ni pastichos, ni nada de lo que las otras mamás hacian en sus hornos. Lo de mi mamá era picar ají dulce, cebolla, y ajo. Hacer un sofrito que al final terminaba sirviendo para todo eso rico que ella cocinaba. De esas cosas que aparecia magía. Esa señora siempre picaba los mismos ingredientes y al final cocinaba distintas cosas. Era como si los ingredientes fueran un lego de comida, y ella usando las mismas piezas podía hacer una sopa de pollo o una carne mechada. Despues de viejo, yo  aprendí a usar el horno. Y horneo pan, y hasta el de jamón también (que ya mi hijo sabe preparar). Pero no heredé su alquímia de cocinar de todo con pocos ingredientes. Yo debo hecharle una infinidad de ingredientes a un guiso y gastarme una mañana para que sepa remotamente como cualquier cosa que mi mamá podía montar en media hora. De todas maneras, a veces me sale bien y pasa que algo de sus sabores se dejan colar en mi comida. El plato me sabe "casero".  Casero significa que sabe como si Imelda hubiése cortado los vegetales en la mano (cosa que tampoco sé como hacer) y al echarlos en la olla algo de su cariño se mezcló con lo que se cocinaba. Sirvo esa comida orgulloso. Poque ese cariño que ella me daba en su arroz con tajadas y carne no se acabó cuando ella se fue, sino que ahora se sirve en otro menú. 

Saturday, July 4, 2020

La salsa que es buena pal' pavo

Ya dije que he tenido la suerte de encontrame con mamás que no son mías. Señoras que me cocinan un plato de comida como si fuera uno de sus hijos, o que me regañan como lo haría una madre en bata. Pero hoy me dí cuenta que yo también soy un hijo a destajo. Que me encuentro con esas señoras que tienen hijos que no se han dado cuenta de lo que tienen. Y me ofrezco a lo que sea, como si me fuera a caer una bendición por ayudar. Y quiero acompañarlas al doctor, o ayudarlas con algo que ellas no son capaz de pedirle a los que todavía no se percatan de que ellas son el origen de los que algunos llaman afecto.

Y es que como no puedo hacerlo contigo lo hago con alguien en tu nombre. Y escribiendo esto todavía salen lagrimas, pero ya entendí que estás en todos lados. Cuando dicen que madre sólo hay una, lo que quieren decir es que todas las madres son la misma.


Thursday, October 18, 2018

Respeto

La señora Imelda era de las que hacia las cosas sin dar muchas vueltas. De las que callaba a cualquiera, sin importar su tamaño o su rango. Ella decía las cosas, te gustaran o no, si tenia la certeza de estar en lo cierto. A pesar de eso, se te podía acercar para preguntarte si se había coloreado su cara de la manera correcta. si no tenía más color de un lado que  del otro. Y te podía pedir con una humildad que parecía del pesebre de Belén que le enhebraras una aguja, porque ya ella no podía hacerlo. Sus hermanos las respetaban como si fuera su mamá. Y algunos de los primos que eran Guardias Nacionales la obedecian mas que a un capitán.
Era la personificación del respeto que ganas por ser quien eres y no por el tíulo que posees.
Y es allí donde la genética juega su papel. El hijo, que ya a esta altura tiene el pelo tan enredado como su abuela, me dió su idea de lo que es ser alguien:

"Yo no quiero poder, yo sólo quiero respeto"
                                                      Abraham



Ya casi que tu edad

Ya tengo casi que tantos años como tu antes de irte y todavía lloro en mi cumpleaños recordándote. Pero ahora paso cada día pensando en lo que no pudiste hacer, para hacerlo por los dos. Y rodeado de gente que me quiere y siendo útil para con el que puedo creo que lo estoy haciendo bien. Otro año donde llevo tu recuerdo a todos lados y preguntándome de lo que dirías si me vieras. Gracias por darme esta vida; que a fin de cuentas, ha sido el mejor regalo de cumpleaños.

Thursday, August 24, 2017

Las madres infinitas

El poeta Andres Eloy Blanco escribió una pieza titulada "Los hijos infinitos". Uno de los versos dice así:

Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños 
 que la calle se llena 
 y la plaza y el puente 
 y el mercado y la iglesia 
 y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle 
 y el coche lo atropella 
 y cuando se asoma al balcón 
 y cuando se arrima a la alberca; 
 y cuando un niño grita, no sabemos 
 si lo nuestro es el grito o es el niño, 
 y si le sangran y se queja, 
 por el momento no sabríamos 
 si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.

Me voy a tomar la libertad de robar su idea. Por que viéndolo bien, las mamás también son infinitas.

Cuando se tiene una madre, se tienen todas las madres;
la madre que todavía no duerme esperando el parto
y la que no lo hace por dar de mamar.
La madre que se preocupa por que la ropa combine,
y la que no sabe que va  a cocinar.
Esa mamá que reprende para que tu aprendas,
y la que nunca te encuentra nada mal.
La madre que te defiende hasta de los curas,
y la que te sabe consentir.
La que prepara el hígado como te gusta,
y la madre que llora al verte triste.
Cuando se tiene una madre, te duelen todas las madres;
te duele cuando alguna sufre
y cuando los hijos no la saben cuidar.
Y quisieras que entendieran,
lo que es ya no tener a quien llamar mamá.
Es que cada vez que una madre se vá,
te recuerda lo que duele si la tuya no está.
Cuando se tiene una madre, se tienen todas las madres;
y al ver cualquier madre sonriendo,
te puedes dar cuenta que algo de tu madre allí está.
Que al final de cuentas,
el verdadero milagro no es que haya vida,
sino que haya mamás.

Para otra de mis mamás. 

Thursday, May 18, 2017

Entregando papeles

Otras graduaciones Imelda. Y ahora yo soy el que entrega diplomas. Estoy allí, estrechando las manos de estudiantes y con mi siniestra dándoles un título. Ahora ya soy parte de ese recuerdo. Del que le dirán a alguien, que el profesor que les dió su última clase, también les felicitó en su graduación. Y como ellos, que saben que sus familias están allí, viéndolos orgullosos. Yo asumo que estás en algún lado de ese auditorio. Sonriendo porque ese que te sacó las canas azules resultó también bueno en otras cosas, no solamente en travesuras. Quisiera me vieras, y le dijeras a cualquiera de mí. Como cuando mostraba mis notas a los vecinos y a mi no me gustaba...
Ya entregamos papeles Imelda. Y ahora es que falta mostrarte lo bien que lo hiciste.